Aunque el póker y los negocios puedan parecer diferentes a primera vista, comparten varias similitudes de fondo. Estas son cuatro lecciones que enseña el juego de cartas a los emprendedores.
Quien piense que el póker es solo un juego de azar, se equivoca. Y quien crea que el emprendimiento depende únicamente de una buena idea, también.
Ambos son arenas donde se toman decisiones críticas con información incompleta, se gestionan recursos con precisión quirúrgica y se necesita entender la psicología humana.
Por eso, hay cuatro lecciones que el juego del póker puede enseñar a los emprendedores que quieran empezar a ver números verdes.
La importancia de gestionar el capital
Tanto en el póker online como en el offline existe un concepto sagrado llamado bankroll management, o gestión de los fondos disponibles para jugar. Bajo este, un profesional jamás arriesga una porción desmedida de su capital en una sola partida, sin importar qué tan prometedora parezca.
El jugador de póker sabe que las malas rachas son inevitables y que la supervivencia es la prioridad número uno.
Este principio es un espejo perfecto de la gestión del flujo de caja en una empresa. El capital es el oxígeno del negocio y, lamentablemente, muchos proyectos geniales mueren ahogados por falta de liquidez, no por falta de mérito.
Por lo tanto, la clave está en dimensionar las «apuestas» siempre en proporción al capital total, sin importar que sea el lanzamiento de un nuevo producto o una mano de póker. Una sola inversión que consuma demasiados recursos puede ser letal.
Esta gestión y desafío son una de las principales razones del atractivo del póquer, que se basa en muchos principios científicos matemáticos. Junto al trabajo desarrollado por operadores de renombre mundial, se traduce en una mayor demanda para jugar al poker online.
El peligro del tilt empresarial
En el glosario del póker, «entrar en tilt» es sinónimo de desastre. El tilt es ese estado mental donde la frustración, el cansancio, la euforia o el miedo nublan el juicio y llevan a tomar decisiones impulsivas (que casi siempre son equivocadas).
En el mundo de los negocios existe un concepto similar e igual de destructivo: el «tilt empresarial». En este caso, se manifiesta de diferentes formas, como lanzar un producto a las apuradas para responder a la competencia o aferrarse a una estrategia fallida por puro ego.
El antídoto para el tilt, ya sea en el contexto del juego de cartas o de las empresas, es la simple objetividad. Es importante dar un paso atrás, analizar los datos, realizar proyecciones informadas y apegarse al plan, incluso bajo máxima presión.
Un buen jugador de póker y un buen empresario, antes de sentarse a la mesa, preparan una estrategia. Ninguno hace sus apuestas sin una hoja de ruta que le diga qué hacer en caso de problemas.
Analizar la competencia y el mercado
Un jugador de póker experto dedica más tiempo a observar a sus rivales que a mirar sus propias cartas. El «pro» analiza los patrones de apuesta del contrario, sus dudas, su agresividad o su pasividad. Y de cada gesto y acción obtiene información valiosa.
Esta habilidad puede trasladarse directamente al análisis de mercado. La «mesa» de un emprendedor está formada por competidores, clientes, proveedores, empleados e incluso las tendencias del sector.
Para un emprendedor, es indispensable estudiar qué hacen los demás. ¿Cómo fijan sus precios? ¿Cuál es su discurso de venta? ¿Dónde flaquean? Al mismo tiempo, tiene que «leer» a los clientes. ¿Qué necesitan de verdad? ¿Qué problemas siguen sin solución? ¿Cómo responden a distintas propuestas? ¿Por qué eligieron la competencia en lugar de a mí?
Quien se limita a mirar su producto está jugando a ciegas y reaccionará tarde. Pero quien aprende a leer la mesa puede tomar la iniciativa, explotar las debilidades ajenas, anticiparse a las necesidades del mercado y posicionarse para las oportunidades que están por venir.
Saber cuándo retirarse
En el póker, retirarse de una mano (fold) muchas veces es una de las jugadas más inteligentes que se pueden hacer. Un profesional de las cartas no se retira por cobarde, sino porque reconoce que las probabilidades no están a su favor y que es más sensato conservar las fichas para una oportunidad mejor.
Para un emprendedor, esta es quizás una de las lecciones más difíciles. Para quien crea una empresa, la falacia del costo hundido (esa tendencia a seguir inyectando recursos en un proyecto solo porque ya se ha invertido mucho en él) es una trampa mortal.
El ego y el cariño por una idea pueden llevar a quemar capital y tiempo en iniciativas que claramente no van a ningún lado. Por lo tanto, aprender a hacer un «fold» empresarial es prácticamente una habilidad necesaria para sobrevivir.
Saber detener un proyecto, cambiar el modelo de negocio o abandonar un mercado a tiempo libera capital y tiempo. Esos recursos, en lugar de desperdiciarse, pueden redirigirse a un nuevo proyecto con un potencial de éxito mucho mayor.






























