Así debió ser siempre. Un presidente que puede caminar tranquilo por las calles de cualquier ciudad de Chile, que llega a comprar como un mortal más y que simplemente, entienda que su cargo no es sinónimo de privilegios, si no que por el contrario, una posición de representación y materialización de las esperanzas de la sociedad en su conjunto.

Gabriel Boric dio un paso en esa dirección. Llegó a comprar al restaurante «La Terraza» en Santiago, un evidente gesto de resignificación del cargo de primer mandatario. Lo que estamos viendo debe pasar de ser un hecho histórico para convertirse en norma.

¿Y lo mejor? Escuchen lo que le pidieron los comensales que a esa hora disfrutaban en el restaurante.

Fotografía @cfajardoc.

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