El fin de la era Martinucci: La (única) cara de un proceso lleno de errores

por | 25 marzo, 2022 | Columnas, Noticias destacadas, San Luis

El fin de la era Martinucci

Por Luis Montenegro/@dalecanario1919

 

Día de despedidas en Quillota. Temprano en la mañana, Nicolás Vazzoler escribía en redes sociales «#NUNCAMÁS», al enterarse, cual marido engañado, lo que toda la prensa y casi toda la hinchada sabía desde hace días atrás: su ciclo, pese a que le dieron un partido más y pese a que dicho partido lo ganó, llegaba a su fin. Una simple llamada telefónica selló el destino del joven DT, que en seis fechas logró escuálidos cuatro puntos, tres de ellos obtenidos en la región del Maule horas antes de su despido.

Pero Vazzoler no sería el único en irse. Aunque el club aún no lo ha oficializado, es un secreto a voces que junto con el técnico se iría Fernando Martinucci, el que durante estos tres años ha sido prácticamente la única cara visible que ha tenido la dirigencia argentina en San Luis de Quillota. La única cara visible de un proceso plagado de errores, escándalos y decepciones para un equipo que pasó de ser protagonista a estar peleando el descenso por cuatro años consecutivos.

2019 – Un comienzo (sin) Frutos

Repasemos. Fernando Martinucci hizo su estreno en sociedad como el flamante gerente eeportivo de la administración argentina que se hizo cargo de San Luis de Quillota en los primeros días de enero de 2019. Y lo hacía para anunciar al primer técnico de la era trasandina en San Luis: Nicolás Frutos, campeón con el Anderletch en Bélgica, llegaba a ponerse el buzo de DT canario. A las pocas horas se supo que Frutos fue campeón pero como ayudante técnico, sin dirigir equipos profesionales todavía.

Complementando a Frutos, Martinucci sería el principal responsable del armado de este primer plantel que estaba de vuelta en el ascenso tras cuatro temporadas. Un plantel plagado de jugadores de segunda división profesional y sin grandes nombres. Manuel García, Osmar Leguizamón, Jeribeth Carrasco o Felipe Escobar eran parte de los nombres canarios. Destacaban, Joel Amoroso, Carlos Rotondi o Ramón Lentini.

Y el comienzo de la era Frutos hizo de todo menos, curiosamente, «dar frutos». Tras siete partidos, el argentino demostró que su única gracia era parecerse a Sebastián Becaccece. Se fue con números de espanto: 7 partidos disputados, 4 derrotas y 3 empates, uno de estos que le significó una vergonzosa eliminación de Copa Chile a manos del modesto Trasandino, parte de la tercera división A del fútbol nacional.

Martinucci tenía que arreglar de alguna manera el entuerto de la salida de Frutos y para ello apostaron a un nombre con trayectoria y experiencia. Y el escogido fue Darío Franco, de dilatada trayectoria en el fútbol sudamericano. Sin embargo, el DT nunca se sintió cómodo en el equipo y aprovechó el receso de mitad de año para renunciar al club (o al menos así lo entendimos los hinchas). Según trascendió, no estuvo conforme con el nivel de refuerzos que le iban a traer para tratar de salvar la categoría.

Y cuando la situación se veía profundamente comprometida, Martinucci metió un acierto. La llegada de José María Martínez, conocido por ser el ayudante técnico de Maradona, renovó los ánimos en el equipo y San Luis se transformó en protagonista del torneo. Aunque claro, habiendo partido tan atrás, el buen juego de Martínez sólo le alcanzó para escapar de los últimos dos lugares, teniendo prácticamente salvada la categoría cuando el torneo terminó de súbito tras el estallido social.

2020 – Marcelo Raya, el DT «del vecindario»

Los hinchas canarios, esperanzados en lo mostrado por Martínez, se ilusionaron con hacer un buen torneo 2020. Pero Fernando Martinucci tenía una sorpresa para la hinchada. De forma inexplicable, no renovaron a Martínez y en su lugar trajeron a Víctor Rivero. Y Rivero llegaba con un número interesante de jugadores: Daniel Vicencio, Álvaro Césped, Mariano Barbieri, Gonzalo Abán, Jean Paul Pineda, Omar Carabalí, y Misael Llantén, entre otros, entregaba un fuerte mensaje a la hinchada: San Luis apostaría a repetir la fórmula que llevó a su vecino, Unión La Calera, a la primera división el 2017 de la mano del ex arquero. La victoria 4 a 1 en el primer partido no hacía otra cosa que ilusionar a la hinchada.

Sin embargo, la pandemia y la suspensión del torneo pareció congelar las aspiraciones de los canarios. Con un plantel muy propenso a las lesiones, el juego en doble jornada una vez que se reanudó el fútbol hundió a Rivero. Y cuando el DT mantenía una campaña irregular, vino el escándalo: un grupo de hinchas fue a «apretar» al DT al complejo de San Isidro, y Martinucci, lejos de respaldar a Rivero, respaldó y justificó el actuar de los hinchas, rescindiendo el contrato del ex campeón de 2015 y dejando a San Luis nuevamente a la deriva.

Y es en este punto donde Martinucci tomó – o lo hicieron tomar – una de sus peores decisiones en estos tres años. Después de tratar de contratar algún director técnico extranjero – presumiblemente Alejandro Orfila – la condición de la pandemia y el cierre de fronteras les negó esa opción y optó entonces por Marcelo Raya, analista técnico de Unión La Calera. En la conferencia de prensa, al ser consultado por las razones que lo llevaron a escoger a Raya, Martinucci indicó – textualmente – que Raya llegaba porque «era como de la casa, vivía muy cerca de la sede». Una frase que quedaría marcada a fuego en la hinchada tras nueve fechas, cuando Raya fue finiquitado del club tras una paupérrima campaña que volvió a dejar al club al borde del descenso, con Valdivia pisándole los talones.

La desesperación de la regencia canaria obligó a Martinucci a apostar por un viejo conocido. José María Martínez volvió a tomar las riendas del equipo amarillo y gracias a la inspiración de Esteban Ciaccheri salvó nuevamente a los canarios, mostrando buen juego y volviendo a ilusionar con un 2021 mejor.

2021 – El DT por zoom, el Gerente de 8 días y el caso Garcés

Lo que muchos no sabían es que el regreso de Martínez no era miel sobre hojuelas. Las negociaciones con el argentino fueron bastante difíciles, y finalmente el DT, motivado por el cariño que le había tomado a la ciudad y a la hinchada quillotana, aceptó quedarse pese a que no pudo traer a su cuerpo técnico. El 2021 arribaron a Quillota nombres como Paulo Garcés, Gustavo Lanaro, Diego Rojas, Rodrigo González, Claudio Meneses o Néstor Moiraghi, entre otros. Sin embargo, la partida del uruguayo Hugo Soria provocaría la molestia de la hinchada.

Y luego de un comienzo dubitativo, José María Martínez sería despedido de súbito tras cinco fechas. Y es en este punto donde Martinucci sería protagonista de otra serie de decisiones dignas de película de comedia.

La primera de ellas fue el rimbombante anuncio de la llegada del uruguayo Alejandro Orfila. El DT, cuya principal atracción era parecerse a Walter White (protagonista de Breaking Bad) venía precedido de pésimos resultados en el fútbol trasandino. Sin embargo, la pandemia tenía las fronteras cerradas y el calvo entrenador no podría entrar a Chile en varias semanas. Como en la siguiente fecha alguien tenía que ponerse el buzo y dar las órdenes al borde del campo, optaron por traer a Víctor Cancino, pero no como DT, sino que como «Gerente Técnico». Según trascendió, las prácticas del equipo esa semana eran dirigidas telemáticamente por Orfila, haciendo que Cancino tuviese que transformarse simplemente en una interfaz que cumplía las órdenes que le entregaban del otro lado de la cordillera. Tras la horrible presentación de San Luis ante Copiapó (el canario cayó por 2 a 1 en casa), Cancino declaró ante las cámaras de la Televisión que él no estaba de acuerdo con las tácticas de Orfila pero «no había nada que hacer». La noticia no cayó bien y Martinucci, a poco más de una semana de anunciar la llegada del ex Puerto Montt, indicaba su salida, la cual fue de común acuerdo pese a que Cancino llegaba por dos años a la institución de San Martín.

Pero no sería todo en ese mes del terror. Para la fecha siguiente San Luis visitaba a Cobreloa, y la dirigencia canaria, sin un DT con cara visible y supuestamente molesta con las actuaciones de Paulo Garcés, decidió darle una oportunidad al suplente Pablo Heredia. Debido a que Nicolás Vlodawski, analista audiovisual y el escogido por los dueños del club para firmar la planilla en aquél partido no tenía el peso suficiente para comunicarle su suplencia al ex seleccionado nacional, sería Martinucci el que vía telefónica le comunicaría al golero la decisión de dejarlo en la banca para el siguiente partido. Garcés, molesto con la situación, renunció ipso facto al club. La máxima figura del 2021 se iba tras seis partidos por la puerta chica de la sede de San Martín.

Finalmente, con la presión del descenso nuevamente encima, Orfila se arrepintió de venir a Chile y Martinucci, tras varios días de negociaciones, anunció la llegada de Francisco Bozán. El ex Universidad de Concepción venía de una mala campaña con Deportes La Serena pero tras un comienzo dubitativo, tomó las riendas del club y le sacó trote a un equipo que de no ser por él este 2022 estaría jugando en la segunda división profesional.

2022 – Lo barato sale caro

Y nuevamente cuando la hinchada se ilusionaba con dejar de pelear por el descenso por cuarto año consecutivo, Martinucci siguió al pie de la letra la instrucción que le llegó del otro lado de la cordillera: plan de economía total. Y en esa fórmula «Low cost» el primer damnificado fue Francisco Bozán, que dentro de las condiciones para su renovación había pedido una plantilla para ser protagonista. La oportunidad se la dieron a Nicolás Vazzoler, que llegó acompañado de un equipo carente de jerarquía y de nombres, principalmente apuestas. Y jugadores clave en la temporada pasada, como Néstor Moiraghi, Diego Rojas, Rodrigo González o el mismo Pablo Heredia salían del club para «abaratar costos».

Y así llegamos al día de hoy. Nicolás Vazzoler, después del peor arranque en las 78 temporadas que el club lleva compitiendo en el fútbol nacional, recibía una «última oportunidad». Vazzoler creía que una victoria extendía su estadía en Quillota, pero lo que no sabía era que su salida estaba sellada desde mucho antes. Y no solo eso: en la última de esas decisiones increíbles de Martinucci, el escogido para reemplazarlo era el mismo entrenador al que dejaron ir: Francisco Bozán. Cómo hicieron para que el DT aceptara volver a dirigir un plantel que carece de nombres y experiencia es algo que podríamos preguntarnos por un largo rato. #Nuncamás escribió sorprendido Vazzoler en redes sociales, como colocando letras doradas a la que, a todas luces, es la última página del triste libro que Fernando Martinucci escribió en Quillota.

El fin de la (única) cara visible

¿Es Fernando Martinucci el último responsable de estas paupérrimas cuatro temporadas del elenco quillotano? Ciertamente que no. Fernando Martinucci terminó siendo la cara visible de una dirigencia carente de ambición, de ideas y de interés por la tienda amarilla. La única cara visible, el único rostro al cual los hinchas canarios pudieron reclamar hasta hace un par de semanas atrás, donde después de tres años al fin el club puso a un rostro quillotano al mando del club. Y muchos hinchas, ilusos ellos, creen que el fin de esta era es una gesta del nuevo presidente. Inocentes ellos…

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